Centros
escolares sin asignaturas, sin libros y con libertad para los alumnos. Cada vez
más colegios optan por pedagogía alternativa. Los resultados son tan
sorprendentes como los métodos
Madrid
/ Pontevedra 21 JUN 2017
El
barrio de la Ventilla, en Madrid, está escondido. El Paseo de la Castellana, la
avenida de Asturias y el parque de La Ventilla lo encajonan y aíslan del resto
de la ciudad. En ambas calles, en los años 60, levantaron grandes edificios de
viviendas para que, cuando uno entrase en Madrid por el norte, no viese desde
la ventanilla la pobreza de La Ventilla.
Hoy sigue siendo un
barrio popular y humilde. Y, desde hace unos años, está custodiado por las
cuatro torres; cuatro rascacielos que se yerguen sobre las casitas de ropa
tendida en la ventana y teja gastada. En el corazón del barrio, con el recreo a
los pies de los rascacielos, existe un colegio llamado Centro de Formación Padre Piquer. Parece un cole de barrio más.
No lo es.
De
Madrid a Vilanova de Arousa, en Pontevedra, solo hay un salto. El necesario
para girar en un cruce improbable desde una carretera comarcal en pleno corazón
de las Rías Baixas. Tras dos curvas y un par de baches, se llega al CEIP Viñagrande-Deiro.
Otra vez, desde fuera, nada especial.
Ambos,
Padre Piquer y Viñagrande, son dos de los -cada vez más numerosos- centros y
colegios que imparten una educación alternativa en España. ¿Aulas fijas,
asignaturas y libros de textos? Eso es pasado en estos lugares.
Estos
colegios no tienen asignaturas ni libros de texto. Los profesores y los alumnos
se mueven entre aulas y se mezclan por edades
“Aquí
trabajamos con ámbitos, no con asignaturas”. Lo explica en el laboratorio del
colegio Ángel Serrano, director general del Padre Piquer, un centro que es
concertado y propiedad de la Fundación Montemadrid. A él acuden alumnos a partir de
12 años, un desafío añadido en lo que a pedagogía alternativa se refiere.
“Tenemos el ámbito socio-lingüístico y el matemático-científico. No tenemos
asignaturas ni libros de texto, trabajamos con material digital, en grandes
grupos de unos 60 alumnos y con tres o cuatro profesores. Llevamos a cabo
proyectos y trabajos en los que el alumno tiene la iniciativa y el profesor le
va guiando. Tienen un margen de libertad muy amplio, ellos deciden por dónde
avanzan. Y encima con adolescentes, cuando lo habitual es que este tipo de
metodología se implemente en educación infantil”.
Y
así funciona la educación infantil en el Viñagrande, colegio público. Su
director es Javier García, un joven que, hace tres años, a punto estuvo de
abandonar su carrera docente. “Entré en este colegio y me encontré a profesores
desmotivados y alumnos sin energía. Tenía dos opciones: o me iba o cambiábamos
esto de arriba a abajo”. Y lo cambiaron.
Javier
y su equipo empezaron a tirar muros y tabiques para proporcionar espacios
abiertos. “Y más que tiraríamos su pudiésemos”, dice. Abandonaron los libros de
texto y las asignaturas. Y mezclaron a los alumnos por edades. Los de primero y
segundo trabajan juntos, igual que los de tercero y cuarto y los de quinto y
sexto. En su caso, la materia de enseñanza se clasifica por contextos. Tienen
cuatro: el humanístico, el literario, el matemático y el científico. “Los niños
van participando en proyectos, no seguimos las lecciones de un libro. En el
proyecto, además de aprender la materia, la trabajan en distintos ámbitos,
hacen reportajes, la tuitean, intercambian ideas… La diferencia con lo que
hacíamos hace años es abismal”.
En
ambos centros la atmósfera está lejos de la que un niño de los años 80 (ni
hablar si nos retrotraemos más) sentía al entrar en su colegio. Mientras
cruzamos el patio del colegio Padre Piquer, podemos ver a dos niñas pintando
sobre sendos caballetes mientras otros chicos juegan al tenis y, de fondo, un
tercer grupo completa un mural en una pared. Un ambiente renacentista en pleno
barrio popular de Madrid.
En
el Viñagrande nada parece un colegio. Las aulas son amplias, luminosas y están
llenas de estímulos: libros, ordenadores, murales, pizarras, juguetes, un
supermercado de plástico, fotografías, cámaras de vídeo, tablets, trípodes… Los
niños se mueven de un espacio a otro, sin aparente orden ni concierto. Una
profesora pasa descalza por el pasillo. “Y, sin embargo, están trabajando”,
dice Javier. “Están trabajando muchísimo. Cada chaval está en un proyecto y el
profesor les va orientando y ayudando. Tienen que completar los proyectos de la
misma forma que antes tenían que aprenderse la lección. Solo que la forma es
muy distinta”.
Echando
un ojo en los alumnos se perciben niños y niñas llenos de energía, ansiosos por
completar proyectos. “Sentar a un niño a las 9 de la mañana y pretender que te
esté escuchando cinco horas es absurdo”. Por eso, en Viñagrande, lo primero que
hacen los alumnos al llegar es una hora y media de ritmo, movimiento y
gimnasia. María Castro, profesora de Educación Física, lo explica. Y en su
discurso emplea términos como “sinapsis, corteza cerebral, hemisferios,
reflejos primitivos, psicomotricidad…”. Y lo que María cuenta es que “un niño
de 6 años es puro movimiento. O los estimulamos o los medicamos en nombre de la
hiperactividad para que estén seis horas sentados en silencio”.
Padre
Piquer y Viñagrande aplican metodologías alternativas a las habituales en el
sistema educativo español. Cumplen la ley y son sometidos a inspecciones
continuas. El resultado es el mismo, los alumnos salen formados. Lo que cambia
es la forma.
Carmen
Pellicer, presidenta de la Fundación Trilema, define este genérico y amplio
concepto de pedagogía alternativa como “hacer las cosas de manera muy flexible.
Encontrar lo que motiva a los alumnos y trabajar con eso”.
Eulàlia
Torras, doctora y profesora de la Universidad Internacional de Valencia, añade
que “las propuestas de la educación actual no son contrarias a la educación
tradicional, al contrario, las bases se encuentran en modelos de ciencias de la
educación que venimos utilizando desde hace muchos años. La innovación pone
énfasis en las potencialidades de las tecnologías de la información y la
comunicación”.
Los
centros con métodos alternativos presentan las tasas de absentismo y fracaso escolar
más bajas
Existen
distintas escuelas o métodos, la mayoría de ellos creados a principios del
siglo pasado. Uno de los que más éxito está teniendo es el de la escuela de
Waldorf, en el que la autorrealización el alumno es el objetivo prioritario. No
existen asignaturas ni libros y los niños no aprenden a leer ni escribir antes
de los 7 años, ya que emplean ese tiempo en jugar y desarrollarse.
La
pedagogía Montessori, de origen italiano, deja libertad al niño y el profesor
se convierte en observador. El método Regio Emilia, también italiano, se basa
en experiencias reales y el Changemaker busca la transformación social mediante
la creatividad. Hay muchos más métodos: Doman, Kumon, Amara Berri… Todos se
caracterizan por diferenciarse de los métodos tradicionales y por dar mayor
autonomía y libertad al alumno y al sistema de enseñanza.
Explica
Eulàlia Torras que, básicamente, todos los métodos responden a tres tendencias:
“el conductismo, el cognitivismo y el constructivismo. El constructivismo es
actualmente el que cuenta con un mayor número de modelos educativos”.
"No
somos hippies"
“Hay
padres que creen que aquí somos hippies. Y de hippy ya me dirás tú que tengo”,
dice Javier riendo, a la entrada del Viñagrande. “Una cosa es que el alumno sea
más libre aquí y otra que haga lo que quiera. No. Aquí estamos constantemente
vigilando, atendiendo y supervisando a los alumnos para que rindan al máximo”.
"Algunos
padres se creen que somos hippies. Es normal que desconfíen, pero los
resultados están ahí".
De
hecho, los métodos de evaluación del Viñagrande son más rigurosos que los de
colegios tradicionales. “Les calificamos a diario. Valoramos cómo desarrollan
sus proyectos y tienen notas cada día. Lo que pasa es que ponemos el foco en lo
positivo, en lo que se les da bien, e intentamos potenciarlo. Realizamos
informes para los padres y siempre empezamos por lo bueno, por lo que se le da
bien al alumno. Para que los padres se estimulen”.
En
el Padre Piquer también se han encontrado con la desconfianza de algunas
familias cuando, en el año 2003, instauraron su nueva metodología de trabajo.
Mónica Díaz-Masa es la coordinadora del Aula Cooperativa Multitarea del
colegio. “Desde que implementamos este método, solo dos familias han sacado a
sus alumnos del centro. Normalmente, las familias que desconfían de este
sistema, son familias con niños de muy buenas notas, que temen que si viene a
un centro así empeore su rendimiento”. Sin embargo, los datos del Padre Piquer
son claros: 85% de éxito escolar (graduados) y un absentismo de solo el 0,7%,
uno de los más bajos de España.
Y
eso en un centro con 1.100 alumnos en el que el 77% de ellos están becados. Es
decir, la mayoría procede de familias de clase media y baja y con riesgo alto
de abandono escolar. Por si fuera poco, en el Padre Piquer hay niños y niñas de
34 nacionalidades distintas y ocho religiones. Todo un mosaico que, para
sorpresa de muchos, funciona. “A los tres meses ya notamos un cambio bestial”,
dice Ángel. “A los padres que nos muestran dudas, además de explicarles en qué
consiste esto, les mostramos los datos. Y son incontestables”.
Más
allá de desconfianzas u opiniones, está la ley. Todas las escuelas del
territorio español deben adaptarse al sistema educativo, dependiente tanto de
la administración central como de las autonómicas. Este sistema obliga a
incorporar competencias básicas, tales como comunicación lingüística,
matemáticas, ciencia, iniciativa, civismo, etcétera. Mientras se logren estas
competencias, la ley es flexible en el cómo.
Tanto
el Padre Piquer como el Viñagrande, al igual que el resto de colegios de
España, reciben inspecciones periódicas y deben responder ante sus respectivas
Consejerías. “Ven que nuestros sistemas están funcionando y no tienen motivos
para ponernos obstáculos. La administración es favorable a ir evolucionando”,
explica Javier García.
"De
la misma forma que no queremos el sistema médico de hace 40 años para nuestros
hijos, los padres no deberían querer su modelo de educación para sus
hijos"
Una
evolución que parece inevitable. El sistema de hace solo dos décadas ya no
sirve para los niños del siglo XXI. “Muchos padres imaginan la educación de sus
hijos tal y como fue la suya, pero al igual que no es lo mismo ir al médico hoy
que hace 40 años, tampoco la educación es igual. Los sistemas de nuestros
padres no responden a las necesidades de los niños de hoy”, explica Carmen
Pellicer. “Los centros con metodologías innovadoras son los que están mostrando
menor tasa de absentismo escolar y menor fracaso. Eso significa que están
funcionando”.
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