El 'Informe España
2016' presenta un mapa general de la innovación educativa que ha surgido
durante los últimos años y que, aún desestructurada, es un soplo de aire fresco
10.05.2017.
El de innovación educativa es un concepto
que suena muy bien pero que no siempre resulta fácil delimitar. Los cambios se
producen a muchos niveles, desde las leyes educativas hasta pequeños cambios de
dinámica en las aulas. De ahí que para entender qué está ocurriendo en
España en este preciso momento, sea muy útil el decálogo de las escuelas
innovadoras que el profesor de Sociología de la Educación Xavier
Martínez-Celorrio ha elaborado para el 'Informe España 2016', que funciona
como guía para desenvolverse en este nuevo panorama.
“En los últimos
años, se está formando una ola de cambio educativo en España desde determinadas
escuelas y colectivos de profesores que se han atrevido a transformar y superar
el modelo pedagógico tradicional”, señala el autor. Este presenta un listado de
114 escuelas innovadoras (“no un 'ranking”, matiza) que intenta trazar un
posible mapa del cambio educativo español, desde Amara Berri hasta Nova Escola
21 pasando por el Horizonte 2020 de los jesuitas de Cataluña. Gran parte de
este movimiento, explica a El Confidencial Martínez-Celorrio, ha comenzado en
esta última comunidad, donde muchos centros públicos y concertados han
propuesto proyectos que poco tienen que ver con la educación tradicional.
Las escuelas han
demostrado mayor capacidad de transformación que las leyes: la Lomce morirá,
pero esto viene para quedarse
“Se trata de una
ola de cambio genuina que viene desde abajo, parte de contextos muy locales y
es el resultado creativo de una profunda reflexión superadora del paradigma
escolar tradicional, rescatando el espíritu de la Escuela Nueva de principios
del siglo XX para actualizarlo en pleno siglo XXI”, añade el autor. Este
utiliza el término 'primavera pedagógica' para referirse a esta “ola de
cambio irradiada por toda España pero aún desarticulada”.
La Administración,
añade, tampoco ha hecho mucho por que se visibilice este relevo generacional
por parte de un nuevo profesorado que se ha formado en la Logse, conecta bien
con las familias jóvenes y aún no ha sufrido el desencanto que han padecido
otros docentes. “Lo importante es que las escuelas han demostrado mayor
capacidad de transformación que las propias leyes”, matiza el profesor. “La Lomce morirá, pero estos
proyectos han venido para quedarse”. ¿Cuáles son los 10 puntos que los
distinguen?
1.
Reestructuración escolar genuina
Los colegios e
institutos de la lista han aprovechado la autonomía escolar para transformar
organizaciones, metodologías y relaciones con el alumnado. El cambio no ha
venido impuesto desde las administraciones, sino que se ha producido desde
abajo: “Muchas de estas escuelas son de reciente creación y ya nacieron con un
grupo cohesionado de profesores alrededor de un mismo proyecto”, señala
Martínez-Celorrio. Surgieron, añade, del “convencimiento por parte del
profesorado de que el modelo que han seguido es insatisfactorio y se
necesitaba un revulsivo”.
2. Centralidad del
alumno
Es un mantra que
se repite en todos los proyectos de innovación educativa: el protagonista no
debe ser el profesor, sino el alumno. El profesor recuerda que uno de los
problemas de nuestro sistema educativo es “la inestabilidad del profesorado y de las
plantillas, hay demasiada movilidad, por lo que no se han configurado equipos
afines que compartan paradigmas y modelos”. Es mucho más fácil, por lo
tanto, que estos proyectos se configuren alrededor de grupos de profesores que
creen en la misma idea y no a partir del “reciclaje de profesores de la vieja
escuela, más acostumbrados al libro de texto, que son quienes más se resisten a
estos cambios”.
Amara Berri en el
País Vasco, el gallego O Pelouro o el extremeño Miralvalle son precursores de
estas propuestas y modelos a imitar.
3. Aprendizaje por
proyectos
Martínez-Celorrio
lo considera como “la metodología estrella que se ha redescubierto —es algo
antiguo—, quizá la punta del iceberg”. Aunque muchos colegios jesuitas lo
lleven a cabo —también algunos colegios finlandeses—, no se trata de
la única propuesta que está cambiando la forma de hacer las cosas, en este
caso, superando las restricciones del currículo tradicional y de los libros de
texto. “Lo que caracteriza a esta oleada de cambio educativo en España es,
sobre todo, la pluralidad de metodologías”, explica el profesor. “Aunque
esta sea quizá la que más destaca y llame la atención del profesorado”.
4. Evaluación
formativa
La Lomce obligaba,
entre otras cosas, a reintroducir notas numéricas en los expedientes
académicos. Muchas propuestas han rechazado este sistema intentando que la
evaluación no sea una mera calificación, sino que también sirva de aprendizaje
para el estudiante analizando otras cualidades. “Es fundamental porque rompe
con una cultura latina muy acostumbrada a utilizar la evaluación para
seleccionar, no valora el error o la equivocación como fuente de aprendizaje”,
explica Martínez-Celorrio. “Es más competencial, más global y compleja,
más enriquecedora”.
5. Cambio de
estructura de tiempo y espacios
'Tirar los muros
de las aulas' se ha convertido en casi un eslogan de estas nuevas propuestas,
pero el profesor catalán recuerda que se remonta a mucho tiempo atrás, tanto a
propuestas como Amara Berri en el País Vasco
como otros centros como el gallego O Pelouro o el extremeño Miralvalle. “Fueron precursores de la alternativa
pedagógica ya desde el tardofranquismo, algo que alimentó a los
movimientos de renovación pedagógica”. Estas propuestas se han mantenido como
referencia a lo largo de las décadas.
6. Diversidad de
edades en las aulas
Muchos colegios
rurales se vieron obligados a lo largo de las décadas a juntar en sus aulas a
estudiantes de distintas edades, una característica que tienen en común con
muchos de estos centros (Elon Musk también lo ha
implantado en Ad Astra). Como recuerda Martínez-Celorrrio, “el de la escuela
rural es un modelo de éxito que ha funcionado muy bien en España”. No es
raro, por lo tanto, que representantes del Ministerio de Educación japonés
visiten escuelas de Soria o Ávila. Para el profesor, es un error que la escuela
sea la única institución donde no se ponen de acuerdo distintas edades; en
estos centros, los mayores enseñan y ayudan a los más pequeños, lo que tiene
efectos positivos.
Muchos centros
tradicionales funcionan como grandes factorías, son equipamientos de 1.500
alumnos y 100 profesores.
7. Implicación de
profesorado y familias
Lo explicábamos
hace poco: durante las últimas décadas se ha producido una progresiva separación entre
docentes y padres, que desconfían mutuamente unos de otros. En los centros de la
lista propuesta, no obstante, “se dan las condiciones idóneas entre unos y
otros para que se trabaje juntos y los proyectos salgan adelante”. El
criterio pedagógico de los padres está mucho más desarrollado, y ellos mismos
son los que promueven los cambios, como ocurrió durante los años setenta,
cuando se configuró una nueva escuela democrática. Hoy en día, no obstante, la
cultura escolar tradicional se basa “en una separación entre familias y
profesores” alentada desde la Administración.
8. Disuelven
problemas de convivencia
Martínez-Celorrio
explica que estas escuelas suelen ser “cálidas, con clima afectivo y emocional
positivo”. Algo que, no obstante, es muy difícil de trasladar a la mayor parte
de centros de España, que están configurados de forma muy diferente. “Funcionan
como grandes factorías, son grandes equipamientos de 1.500 alumnos y 100
profesores que reproducen un modelo de relaciones impersonales”, explica el
autor del informe. De ahí que muchas veces el 'bullying'
pase desapercibido, ya que las circunstancias vitales de los alumnos son
desconocidas para los encargados de su educación. Los centros analizados por
Martínez-Celorrio comparten un nuevo marco, en el que se sitúa “una relación
más horizontal y democrática, en la que cada uno asume su rol, lo que hace
madurar al alumnado”.
9. Profesorado
reflexivo
Es casi imposible
imponer cambios en las costumbres del profesorado, especialmente si este se
siente desmotivado e infravalorado. El autor destaca la “fuerte identidad de
centro” de estos docentes organizados alrededor de un proyecto común, y
recuerda el grave problema que España arrastra en la formación de sus
profesores desde hace décadas: “La Logse se aprobó en
1990, se empezó a aplicar en 1996/97 y la formación del profesorado no empezó a
cambiar hasta 2009/10, la primera edición del máster”, recuerda. “Fueron casi
20 años, lo que ha producido un déficit acumulado injustificable”.
Tampoco es que las nuevas herramientas de formación, como el máster, hayan
cambiado la situación. Martínez-Celorrio lamenta que “el máster se ha
escolarizado; necesita un replanteamiento más competencial, donde se integren
teoría y práctica, al estilo de las antiguas escuelas de Magisterio o el MIR”.
10. Escuela como
organización abierta
Otro lema repetido
por los colegios más innovadores del
mundo es que el colegio no vive aislado en mitad de la sociedad, sino que
es parte esencial de esta. Ya no es, por lo tanto, “una burbuja autosuficiente,
con rutinas escolares heredadas y libros de texto que pretenden capturar todo
el conocimiento”, en palabras del autor. La escuela debe ser el motor de
cambio social y tener una gran influencia en su entorno inmediato. Como
ocurre en los centros presentados en el informe. “El acto educativo no es
formar para el día de mañana, sino vivir hoy, lo que obliga a replantear las
metodologías y las didácticas”. ¿El objetivo? Que la escuela se convierta en un
reflejo real de lo que puede ofrecer la sociedad.
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